Confesiones De Un Cuernudo

Confesiones De Un Cuernudo

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Mi esposa me humillaba, salía a cogerse a otros hombres y después me hacia que le mamara la panocha…

No quiero decir que es su culpa que ahora me encante el sabor de los mecos, pero por ahí va. Yo la amo, y se que ella es mas de lo que yo merezco… Así que cuando me dijo que yo ya no la complacía en la cama y que iría a buscarse quien le hiciera el favor; no pude decir nada.

Teníamos ya 20 años de casados, yo siempre trabaje mucho para darle la mejor vida y el tiempo pasó por mí, pero a ella solo la rozo. A sus 36 años, no tiene nada que envidiarle a ninguna muchachita de 20. Siempre fue una gran señora, distinguida, educada y muy sensual. Yo siempre fui un pobre ranchero, no se ni como se llego a fijar en mi.

No tuvimos hijos ya que ella no quiso perder su figura, y no la culpo. Es fenomenal.

Pero regresemos a esta confesión, que aquí con el anonimato del internet puedo hacer…

La primera vez que ella salió para tener relaciones sexuales con otro hombre yo me quede en casa llorando, pero no podía detenerla. Cuando ella regreso a casa, por cierto llego brillante se noto que disfruto muchísimo…

Se sentó en el sofá, abrió las piernas y me dijo, “ven aquí Eulogio.”

Como un perro me arrime a ella, se hizo su calzoncito para un lado y no tubo que decirme más. Me arrodille y comencé a comerle su panochita deliciosa, estaba mojadita, calientita y babosita. Me dedique a lamer todo a su alrededor, mientras ella gozaba y maullaba como una gatita. Con sus manos me acercaba y restregaba su panochita en mi cara, hasta que no pude mas y succione sus labios queriéndolos devorar.

Para mi sorpresa lo que paso en seguida cambiaria nuestras vidas…

De pronto sentí como mi boca se llenaba de un liquido que jamás antes había probado, y me gusto. Seguí chupando como nunca antes lo había echo y mi boca se lleno de los jugos de mi mujer y los de aquel extraño que la había llenado de su semilla. Mi verga se paro como no lo había echo en años y comencé a masturbarme furiosamente, me deleite de aquellos líquidos agridulces que rosaban mi paladar antes de entrar en mi garganta y termine roseando el sofá.

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Desde aquel día le prohibí a mi mujer lavarse después de tener relaciones con alguien más, y nuestra vida sexual milagrosamente se recupero. Se puede decir que tengo una debilidad por la leche. Me encanta chupar la concha de mi mujer después de que otros se la cogen… ¿Estoy mal?

Tal vez, ¿pero que no harías tu por la persona a la que amas? Nuestra vida sexual jamás a sido tan deliciosa, ahora si tenemos relaciones todos los días mmmm y hasta me excito del solo saber va a salir con uno de sus amiguitos. Saber que me la va a mandar a casa toda llenita de leche para que yo me coma toda, como un becerrito hambriento.

También disfruto cogiéndomela ya que llega a casa, meter mi verga que esta a punto de reventar dentro de su panochita usada y extremadamente mojada me hace sentir muy bien. Me gusta mesclar nuestros jugos, el de sus amigos, el e ella y el mío para hacer un coctel irresistible… Me lo trago con mucho gusto!

Hay veces que compartimos mi premio, yo se lo saco con mucho gusto de su panochita usada y lo guardo en mi boca y así no lo pasamos de una boca a la otra, dejándolo que se derrame por entre nuestros labios… No me gusta despreciar ni una gota, así que siempre me dedico a lamer todo alrededor para asegurarme que no haiga ni rasgos de mecos.

La boca se me esta haciendo agua mientras escribo, estoy esperando a mi querida esposa… ¡Listo para disfrutar!

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