1. Usa la respiración
Quizás varias durante el día, cuando sufres de tensión, detienes la respiración; en otras ocasiones respiras demasiado rápido –o hiperventilas– lo cual aumenta tu ansiedad. Para relajarte en pocos minutos, siéntate con la espalda erguida, entorna los ojos e inhala lentamente hasta sentir que llenas los pulmones de aire. Acto seguido, exhala despacio, sintiendo que vacías el aire del cuerpo. Repite este ejercicio las veces que sean necesarias, hasta que te inunde una agradable sensación de calma.
Si lo deseas, al inhalar y exhalar puedes repetir un mantra, que no es otra cosa que una frase o una palabra que te calma, como, por ejemplo, “Estoy en paz” o “Serenidad”. No trates de eliminar los pensamientos o de controlarlos; simplemente obsérvalos sin juzgarlos. Notarás que todos –los buenos tanto como los menos agradables– son solo eso: pensamientos. Por supuesto, no hagas este ejercicio si necesitas estar alerta en esos momentos (por ejemplo, si estás manejando, cocinando u operando algún equipo peligroso). Si padeces de alguna condición médica, consulta con tu doctor antes de hacer este o cualquier otro ejercicio.
2. Transpórtate con la música
Está comprobado científicamente que la música es capaz de afectar y transformar nuestro estado de ánimo. ¿Has visto cómo te mueves en el gimnasio al ritmo del reggaetón? Pues de la misma manera que este ritmo te llena de energía, algunas canciones te recuerdan un momento triste y te hacen caer en la melancolía. Si cierto tipo de música te inspira, te calma o te relaja, prográmala en tu aparato móvil y tenla a mano para darte unas “vacaciones” mentales en medio de la agitación diaria.
3. Sintonízate a la naturaleza
El mundo natural que nos rodea está repleto de lecciones. De supervivencia: el árbol más flexible, no el más fuerte, es el que sobrevive la tormenta; de perseverancia: el agua –con el paso del tiempo– convierte la roca más dura en arena. Y también nos enseña que todo tiene su momento de nacer, florecer y desaparecer. Es por eso que contemplar un árbol, las nubes, o simplemente escuchar el sonido del agua al caer, tiene un efecto relajante en nuestro organismo.


