“Ya te dije que no mas Holly!” Me grito mi madre cuando salí de mi casa por la mañana, se molesto cuando le dije que por la tarde cuando saliera de trabajar, me aria otro tatuaje. Mi madre es cortada a la antigua y en mi casa no puedo enseñar mis obras de arte. Le hable a mi novio para decirle que por fin me había decidido, me pondría su nombre “Johnny” justo sobre mi monte de Venus. No me creyó, ya teníamos varios meses hablando sobre el tema el al igual que mi madre me decía que pensara en el futuro. Que si, ahora que soy joven los tatuajes se ven bien, pero ya que este viejita, etc.
Pero yo les digo que en realidad, quien se va a ver bien cuando este viejita? Es mi cuerpo, mi templo y yo tengo derecho a modificarlo. No creen?
Salí del trabajo a las 5 de la tarde y como rayo me fui al Tattoo Shop. Ya tenia cita, Bryan el que me ha hecho todos mis tatuajes me debería de haber estado esperando. Pero cuando llegue Amy me aviso que Bryan había tenido una emergencia familiar y que si quería podía cambiar mi cita o dejar que Miriam (la chica nueva) me hiciera mi tatuaje. La pensé un poco y por fin decidí dejar que me marcara, si me gustaba como quedaba quizás dejaría que ella me lo hiciera.
La plática estaba interesante, Miriam era nacida en California de padres mexicanos; Jaliscienses para ser exactos. Con razón era tan bonita, chaparrita, delgada, de piel morena clara, ojos grandes y negros, labios gruesos y su pelo fue lo que mas me gusto; negro azulado con rayitos azul marino. Era simpática y muy risueña, me cayó muy bien. Me confeso que su familia no estaba de acuerdo con su trabajo y que cuando decidió tatuarse el brazo entero la corrieron de su casa. Así fue como termino en Arizona, su prima Beatriz le había ofrecido un lugar donde quedarse mientras se alivianaba.
Yo estaba sentada, medio recostado en la silla reclinable con mis pantalones desabrochados y abiertos mientras ella se dedicaba a marcarme. Entre risas me pregunto que porque me ponía el nombre de un hombre en mi cuerpo y yo sin pena le dije que lo amaba; se sonrió y me confeso que era lesbiana. En eso sonó mi celular, era Johnny.
“Donde estas bebe?” Me pregunto, se escuchaba un poco molesto.
“En el Tattoo Shop, porque?” Le conteste sin pena.
“Voy para allá, no te hagas nada hasta que llegue… Entendiste?” Colgó.
Seguimos platicando mientras admiraba el buen trabajo de Miriam, estaba decidida. A los pocos minutos llego Johnny y entro al cuarto como alma que lleva el diablo. Su actitud cambio en cuanto vio que no era Bryan si no una mujer la que me haría el tatuaje. Se dedico a admirar su nombre sobre mi monte y después de darme un beso largo y apasionado se sentó a mirar. Miriam arreglo la maquina, la tinta, la aguja y por ultimo se puso unos guantes de plástico.
“Holly, porque no te quitas el pantalón bebe? Digo para que le des mas oportunidad a Miriam de que haga su trabajo…” Dijo Johnny con una risita picara en su boca.
Miriam estaba sentada entre mis piernas, preparándose para empezar. “Como quieras Holly, conmigo no hay problema.” Contesto.
“Bueno, lo que pasa es que no traigo panties…” Le dije tímidamente.
Johnny se sonrió y dijo, “estoy seguro de que Miriam ha visto lo que tu tienes miles de veces mi amor. O tienes mucha pena?”
Las dos nos miramos y intercambiamos sonrisas tímidas, sin decir mas me baje los pantalones por completo y se los avente a Johnny. Me acomode de nuevo en la silla, quedando completamente expuesta ante Miriam. El momento en que su aguja hizo contacto con mi piel sensible, me estremecí del dolor. Ella trabajaba rápido y entre más se concentraba mas se acercaba a mi sexo, que ya estaba derramando mi dulce líquido… Me encanta el dolor!
No pude esconder mi excitación, mi olor comenzó a llenar el cuarto y pronto tiernos pujidos de placer comenzaron a salir de mi boca. Johnny noto que Miriam se movía de un lado a otro en su banco y que cada vez se acercaba más a mi sexo empapado.
“Miriam, te gusta lo que ves?” Le pregunto indolentemente.
Miriam bajo la mirada y contesto con un callado, “si.”
Johnny se levanto de su silla y se acerco a nosotros, con su mano comenzó a acariciar mi vagina y con toda facilidad deslizo sus dedos entre mis labios, lubricándolos. Yo sabía lo que tenia planeado, así que no dije nada simplemente me dedique a disfrutar de su tacto. Removió su mano de entre mis piernas y sin pena alguna llevo sus dedos hasta la boca de Miriam, quien respondió succionando hambrientamente los dedos de Johnny que estaban cubiertos de mi miel.
“Eso, perra… Lámeme los dedos.” Le susurro Johnny en el oído, jalando su pelo hacia atrás forzando a Miriam a verlo a la cara.
Con una sonrisa macabra en los labios, pero aun así con una carita de ángel guio la cabeza de Miriam hasta mi vagina. Ni tarda ni perezosa ella comenzó a comerme como toda una experta, usando todo lo que Dios le dio; sus delicados labios, lengua calientita y hasta sus dientes. Ronroneaba como una gatita mientras Johnny restregaba su cara sobre mis labios, ella se dedicaba a enterrar sus dedos en mis muslos.
“Párate perrita!” Le ordeno Johnny.
Sin decir palabra y muy obedientemente Miriam se paro y hasta le dio una patada al banco donde estaba sentada, mandándolo hasta el otro lado del cuarto.
“Bájate los pantalones… YA!” Johnny siguió dando órdenes.
Sin dejar de lamer Miriam bajo sus pantalones y dejo su chochita expuesta. Johnny podía ver que sus bellos estaban húmedos, ella estaba bastante excitada.
“Quiero que te toques Miriam, que te metas los dedos en tu panochita traviesa. Quiero ver que te escurran tus jugos por entre tus dedos… Me entiendes?” A Johnny nada lo excita más que tener control total sobre una situación como esta.
Sin oposición alguna, Miriam introdujo dos dedos dentro de su vagina que ya estaba empapada y lista para recibirlos. Al mismo tiempo apreté mis piernas alrededor de su cabeza y deje que mi orgasmo se apoderara de mi, disfrute de las olas de placer que rodaron por mi cuerpo hasta salir por mi chochita y terminar sobre la cara hermosa de mi nueva amiga. Al sentir lo caliente y espeso de mi eyaculación Miriam introdujo un dedo más dentro de su cuevita y termino derramando todo su juguito rico sobre el suelo. Sus piernas temblaron violentamente por la magnitud de su orgasmo y hasta termino de rodillas en el suelo, sollozando de placer.
Johnny estaba mas que contento con el show que pusimos, espero unos segundos dándonos tiempo de recuperarnos antes de continuar con el tatuaje. Claro, me prometió la cogida de mi vida cuando llegáramos a casa… Pero esa es otra historia.



