Hoy amanecí con el sueño entre mis pestañas; las únicas imágenes de tu recuerdo se han quedado en mis pupilas; en la naturalidad de tu rostro escuché tus lágrimas de dolor por el que está a tu lado y no te valora, escuché también el desenfreno de esa noche y tus ansias de embriagar tu pena. Y ni obviar tu baile demente, tu soga invisible con la que me atraías a tus hermosos labios. Te observé desde el primer momento, analicé tus movimientos.
Sabía que alguien te acompañaba, pero no era suficiente para mí, quería descubrir tu nombre y soñar con que alguna vez te besaría, aunque fuese en sueños.

¡Memorable noche! El cielo presenció el momento, mi primera vez… y fuiste protagonista de ello. Ese sublime momento en el que todos desaparecieron, te atreviste, lo dijiste, lo pediste y yo sin tener tiempo de negarme, concedí tus deseos; debo confesar que no tenía forma de resistirme sintiendo tu respiración tan cerca, en el roce de tu nariz alcancé a mirar tus lindas pecas, hasta que suavemente probé tus besos, tus labios sabor a tequila, a locura, a necesidad de amor verdadero.
Y te he buscado muchas veces frecuentando el mismo bar, preguntando por ti, pero nunca te hallo.
Desde entonces, conservo lo poco que me dejaste: las cuatro letras de tu nombre y el recuerdo de tus besos de tequila.

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