Noche de estreno

Noche de estreno

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Pensaba sorprender a su marido y la excitante sorpresa fue suya

María se miraba en el espejo que tenía en el armario de su dormitorio. Estaba en ropa interior. No tardaría en llegar su marido del trabajo y quería darle una sorpresa el día antes de su primer aniversario de boda. La joven se miró de arriba abajo y fue bajando la mano recorriendo cada centímetro de su piel. Comenzó por los pechos que no eran demasiado grandes pero lo suficiente como para hacer gozar a su chico, siguió bajando y se detuvo en su vientre plano, continuó su camino recorriendo su firme trasero para acabar en sus torneadas piernas, acarició su bien depilado pubis y pensó que, sin ser un bombón tampoco estaba mal.

Abrió el armario y sacó su traje de motera. No dudó ni un instante en ponérselo ya que su marido era un fetichista de los disfraces, no era la primera vez que lo hacían interpretando papeles de motorista y policía o con el disfraz de Spiderman de su marido. Una vez se puso el traje comenzó a hacer poses ante el espejo. Se abrió la cremallera dejando gran parte de los pechos al descubierto, también se quitó el botón del pantalón dejando a la vista su sugerente tanga negra. Sabía que su marido Oscar era bastante tímido y le costaba meterse en los eróticos juegos que ella, más ardiente, continuamente le proponía. Pero no podría resistirse al ver de esa manera a su chica, y menos en un día tan especial.

De pronto escuchó como la llave se introducía en la cerradura de la puerta. María salió disparada de la habitación y se tumbó en el sofá deseando que llegara su marido y la poseyera allí mismo. Estaba muy caliente. Escuchó como la puerta se cerraba y como unos pasos se acercaban hacia el salón.

– Cariño, tu motera te está esperando, ven aquí y dale un poco de carburante.

Entonces una persona entró en el salón, la cara de María cambió totalmente al ver que el que entraba por la puerta no era su marido sino un hombre al que jamás había visto. Era más alto que ella, delgado y con perilla. Vestía una chaqueta gris y pantalones negros. El hombre también se quedó un tanto sorprendido al ver a María tumbada en el sofá de semejante manera, su miembro no tardó en reaccionar a la imagen que tenía frente a él.

– Menudo recibimiento. – Dijo el hombre sin quitar los ojos del escote de María

– ¿Quién coño eres? – Preguntó asustada María mientras se abrochaba la cremallera de la chaqueta y su mente bullía: estaba segura de haber escuchado el sonido de las llaves de Oscar que para ella era inconfundible.

– Soy, Álvaro, un compañero de trabajo de tu marido.

– ¿Dónde está Oscar? – Preguntó preocupada.

– Tranquila, Oscar está bien, ha tenido que quedarse un rato más trabajando. – Álvaro comenzó a acercarse al sofá donde estaba María.

– ¿Y cómo es que tienes las llaves de mi casa?

– Tranquila pequeña, disfruta del momento. Ya te lo contará Oscar cuando vuelva a casa dentro de unas horas…

María fue a levantarse pero Álvaro se sentó a su lado para impedírselo.

-Tu marido tardará un par de horas en llegar, ¿por qué no nos divertimos tú y yo?

María dudó un instante, estaba muy caliente ya que se había estado tocando antes con la idea de sorprender a su marido tumbada en el sofá, también había visto que ese hombre parecía legal y que tenía una chapa con el logotipo de la empresa de Seguridad donde trabajaba su marido pero no podía ser, ella era una mujer casada y no iba a arriesgar su apenas estrenado matrimonio por un polvo con un desconocido.

Pero de pronto todo cambió, María estaba tan metida en sus pensamientos que no vio como Álvaro se pegaba a ella tanto como para juntar sus labios con los de la joven que se quedó paralizada al ver lo que estaba pasando. Álvaro comenzó a buscar la lengua de María, ella intentó apartarse pero al estar casi tumbada en el sofá le fue imposible. Una sensación ardiente comenzó a apoderarse de todo su ser y finalmente vio que esa situación no tenía vuelta atrás así que comenzó un apasionado beso con aquel desconocido.

Al notar que la joven accedía, Álvaro se puso manos a la obra. Comenzó por desabrochar la cremallera que hacia un momento María había subido hasta el cuello. Cuando la chaqueta se abrió, Álvaro miró fijamente los pechos de María, no eran excesivamente grandes pero si que le daban las ganas de hincarles el diente. Así que no tardó en bajar su cabeza hacia los pechos de la joven, con una mano soltó el sujetador con gran habilidad, cosa que dejó bastante sorprendida a la chica ya que su marido tardaba más de medio minuto en desabrochárselo.

Una vez sus senos quedaron al descubierto, Álvaro se lanzó a ellos lamiendo con pasión uno de los pezones. María lanzó un gemido al notar la lengua de Álvaro moverse con velocidad en su pezón. Estaba ya empapada, no paraba de cruzar las piernas con la intención de apagar el calor que sentía en su sexo. Él no tardó en darse cuenta de ese detalle y deslizó con velocidad una de sus manos al interior del pantalón de María que aún estaba desabrochado.

Nada más meter la mano, ella abrió cuanto pudo las piernas y Álvaro notó como aquella zona estaba empapada. Comenzó sin necesidad de preámbulos metiéndole dos dedos en la vagina y viendo el grado de excitación que tenía la mujer de su compañero, no tardó en meterle dos dedos más ya que se deslizaban con una facilidad pasmosa. Mientras, con la otra mano pellizcaba con fuerza uno de los pezones de la joven y con su boca mordisqueaba el otro. Poco tardó María en llegar al orgasmo ya que Álvaro movía sus dedos con gran habilidad. Tras un placentero grito de la muchacha, Álvaro supo que había conseguido su objetivo y que era momento de pasar a la siguiente fase.

Álvaro se levantó del sofá poniéndose de pie frente a María, esta supo al instante lo que tenía que hacer así que llevó sus manos al pantalón de Álvaro y con varios movimientos consiguió bajárselos hasta los tobillos, delante de ella se encontraba el bóxer con un sobresaliente bulto que la apuntaba directamente. La joven le miró a los ojos y él sonrió. Ella volvió a mirar el enorme bulto y sin pensárselo dos veces le bajó el bóxer hasta las rodillas. Salió despedido el miembro que por poco impacta en la cara de María. Esta se quedó varios segundos observándolo, no se parecía en nada al de su marido, éste era mucho más largo y parecía más grueso y erecto. Lo cogió con una de sus manos y comenzó a masturbarlo con delicadeza, al mismo tiempo sacó la lengua y comenzó a lamer la base del pene como si de un helado se tratara, tras varios lengüetazos se centró en el prepucio. Al principio le daba tímidos besos y lengüetazos pero poco a poco fue perdiendo la vergüenza, se introdujo el prepucio en la boca y comenzó a saborearlo. Álvaro lanzó su primer gemido ya que le cogió por sorpresa el movimiento de la joven. Comenzó a masturbarlo lentamente y a seguir el ritmo de la mano con la boca. Poco a poco fue incrementando la velocidad de la masturbación al igual que fue tragando más y más el pene de su accidental amante. Los gemidos de Álvaro eran cada vez más continuados. María pensó si sería capaz de introducirse todo el miembro en la boca, cosa que se le hacía un tanto difícil viendo el tamaño del mismo, con su marido no había problema ya que no era demasiado grande. María comenzó a introducirse centímetro a centímetro el miembro de Álvaro.

– Vamos pequeña, demuéstrame que no eres tan novata como dice Oscar.

Al oír esas palabras el cuerpo de María se puso a mil y tragó hasta el último centímetro de la verga de Álvaro. Con el miembro aún en la boca María miró a su acompañante, este le guiñó un ojo y en su rostro apareció una sonrisa. La joven se sacó el miembro de la boca y se lo introdujo un par de veces más notando como este le golpeaba la campanilla para finalmente sacárselo por completo. Álvaro levantó a la joven y le plantó un beso en la boca, ambas lenguas comenzaron a jugar entre ellas mientras que los dos comenzaban a desnudarse mutuamente.

– Vamos a la cama, este sofá no es cómodo para lo que tengo en mente – dijo una ya desinhibida y cada vez mas excitada María caminando hacia el dormitorio.

Álvaro empujó a la joven sobre la cama y no tardó en tumbarse encima de ella, le fascinaba la idea de poseer a esa mujer en su cama de matrimonio. María abrió las piernas y él sin mas preámbulos, le introdujo el miembro hasta lo más profundo de su ser. La joven no pudo reprimir el grito de placer que salió de lo más profundo de su pecho al sentir el miembro de Álvaro entrando de esa manera. El hombre comenzó a bombear a toda velocidad, María no paraba de gemir, nunca había sentido nada así. Cuando lo hacía con su marido ella era la que tenía que tomar el mando de la situación sino sería imposible tener sexo con él, sin embargo, con Álvaro se sentía como una autentica perra siendo poseída sin ningún pudor, y la idea de estar haciéndolo con un desconocido en su cama de matrimonio la excitaba aún más.

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Una Pausa Diferente En El Trabajo

Álvaro parecía un ser incansable que percutía una y otra vez a María que gemía como una posesa viendo que iba a alcanzar el segundo orgasmo. Álvaro aumentó la velocidad de las embestidas y María estalló en un grito mezcla del placer y el morbo que estaba viviendo esa noche.

– Ha sido genial. – dijo ella empapada en sudor y totalmente agotada.

– Buen chiste nena. Esto acaba de empezar.

Y tras decir eso, agarró a la joven por las caderas colocándola en cuatro y sin esperar ni un segundo le introdujo el pene hasta el fondo de la vagina donde comenzó a chapotear por los fluidos que aún manaban y se deslizaban hacia sus muslos. Las embestidas iban a un ritmo bastante tranquilo aunque María se encontraba en el séptimo cielo ya que jamás había pasado de un orgasmo, (y eso cuando lo alcanzaba), ya que su marido no es que fuera un superhombre en la cama. De pronto, notó como Álvaro exploraba otras cavidades de su cuerpo. Un dedo se introducía con dificultad en el ano de la muchacha que no cabía en sí de gozo ante la novedad, ya que nunca antes lo había probado y a través de lecturas sabía que solía producir un intenso placer, pero para ella, que no salía con nadie antes de conocer a Oscar y luego con él que se mostraba reacio, todo esto era un territorio sin explorar.

– Parece que tu marido no te ha probado demasiado. – decía Álvaro mientras se lubricaba dos dedos con los fluidos que continuaban brotando del sexo de María.

Tras terminar la frase le introdujo el segundo dedo que poco a poco se abría paso por las estrechas paredes del ano de la joven. María sentía una mezcla entre placer y dolor que la estaba volviendo loca, tenía una gran curiosidad en sentir el miembro de Álvaro inaugurando su segunda entrada pero al mismo tiempo tenía miedo del daño que le podía causar ya que ella misma había comprobado que el miembro de su acompañante no era precisamente pequeño. En ese momento salió de sus pensamientos al notar como el tercer dedo de Álvaro se introducía y como poco a poco iba aumentando la velocidad de las embestidas. Comenzó un lento mete-saca con los dedos a la vez que aumentaba el ritmo de las embestidas. El dolor que antes sentía se convirtió en una pequeña molestia, según iba aumentando su grado de excitación, mayor era la aceptación que tenía su ano a los dedos que le iba introduciendo Álvaro que comenzó a embestir de nuevo el interior de la vagina a un ritmo frenético, ella no podía parar de gritar, también notaba moverse a gran velocidad los dedos en su ano. Tras varios minutos de fuertes embestidas, una familiar sensación comenzó a recorrer el vientre de María: era su tercer orgasmo. La joven comenzó a mover las caderas con la intención de que el miembro de su acompañante llegara más profundo y lo consiguió. Tras varios golpes de cadera María volvió a estallar en un clímax frenético. La joven casi no podía mantener el equilibrio, estaba temblando, jamás había sentido esas sensaciones en su cuerpo y por fin llegaba la parte que tanto esperaba, el momento en el que Álvaro introduciría su enorme lanza en su ano y la partiría en dos. Ya se habían esfumado todos sus miedos ya que llevaba varios minutos sintiendo los expertos dedos de Álvaro en su interior y eran realmente placenteros así que no se podía imaginar como sería cuando le introdujera su enorme pene. Álvaro no tardó demasiado en prepararse para penetrarla, mojó una de sus manos en los jugos vaginales de la joven e impregnó el orifico de entrada con ellos, hizo lo mismo con su miembro ya que sabía que a las primerizas costaba un poco abrirlas. Colocó la punta en la entrada y se dispuso a penetrarla.

– ¿La quieres dentro? – preguntó moviendo levemente la cadera.

– Sí– Suplicó la joven con voz de total desesperación.

– Tus deseos son órdenes para mí.

Y tras esas palabras la tomó por las caderas y comenzó a introducirle la verga lentamente. María sentía una mezcla entre dolor y placer. Sentía como le ardía el ano pero a su vez una nueva sensación, nunca experimentada con su marido, explotaba en su interior. Álvaro comenzó un lento mete-saca ya que temía hacerle daño y estropear la noche quedándose él a medias. María no tardó en ponerse a gemir, era un espectáculo escuchar los gemidos de esa mujer que gritaba como una posesa. Poco a poco iba aumentando el ritmo de las arremetidas y de vez en cuando la golpeaba en las nalgas.

– Esto no te lo hace tu marido, ¿Eh? – Decía mientras aumentaba la profundidad de las penetraciones. – Si yo te tuviera, este seria tu placer favorito..

Ese tipo de comentarios ponían a María aún más excitada. Jamás pensó que el sexo podría ser algo semejante a lo que estaba sintiendo. Con su marido los polvos no duraban más de 10 minutos y disfrutaba pero pocas eran las veces que llegaba al orgasmo, sin embargo ahora estaba tocando el cielo y además se estaba estrenando con un desconocido.

El ritmo de las embestidas era cada vez mayor, María sintió como Álvaro masajeaba su clítoris a la vez que atacaba fieramente contra su ano. La verga entraba y salía con gran facilidad y su sexo no paraba de segregar flujo empapando así la mano de Álvaro que se deslizaba con velocidad. Tras varios minutos de asedio anal el hombre sacó su pene de golpe.

– Vamos chiquita, ahora te toca a ti devolverme el favor. – dijo sujetándose la verga con una mano temblorosa por la excitación que también el sentía.

María no tardó en girarse y llevarse el pene de su compañero a la boca. Empezó a mamarlo con velocidad, quería sentir el calor del semen recorriendo su cara, sus labios, su lengua. Se introducía rítmicamente el miembro de Álvaro en la boca, ritmo que también seguía con su mano ya que también masturbaba el miembro mientras lo chupaba. Álvaro, a la vista del trabajo que le estaba realizando María, no tardó en advertirla.

– Toma muñeca, te lo has ganado.

Tras decir esto, varios chorros de esperma caliente fluyeron de su verga dirigidos a la cara de la joven que esperaba el semen con la boca abierta. Fueron unos disparos que dejaron la cara de la joven empapada en líquido blanco, caliente y espeso. María se relamió notando su cara totalmente empapada del zumo que acababa de exprimir.

– Venga bonita, completa el favor. – dijo acercándole de nuevo la verga a la boca.

María se lanzó a ella como si fuera una muerta de hambre. Comenzó a lamer cada centímetro de miembro, se lo metió entero varias veces dejando el pene sin una gota de semen.

– Buena chica. – dijo mientras acariciaba una de las mejillas de María con su verga. – Bueno despídete de ella. – dijo colocándosela frente a la cara por última vez. – La joven se introdujo el prepucio en la boca y deslizó en forma de círculos su lengua por el instrumento para finalmente sacársela.

Álvaro no tardó en vestirse y tras dejar las llaves del marido de María encima de la cama se fue.

– Bueno Princesa, nos vemos, el tiempo se acaba. – dijo cuando salía finalmente de la casa.

María no tuvo tiempo de despedirse, se miró en el espejo de su dormitorio y vio que tenía la cara surcada por varios chorros de semen. Con la ayuda de un dedo se lo fue llevando a la boca para finalmente acabar tragándoselo. Fue al baño y se pasó una toalla por todo el cuerpo, estaba sudorosa y pegajosa, pensó en darse una ducha pero en ese momento sonó el timbre: su marido había llegado.

– Un momento. – Gritó mientras se ponía un camisón.

Fue a la puerta de entrada y tras ella se encontraba su marido con cara de pocos amigos.

– ¿Qué te pasa cariño? No me llamaste..– dijo ella fingiendo estar preocupada.

– Hoy he tenido una noche de perros. Primero Álvaro me dice que se tiene que ir que si puedo cubrirle unas horas de su turno y después pierdo las llaves de casa.

– Si es que hay días para olvidar –Le dijo María mientras escondía las llaves debajo de la cama. – Anda cielo acuéstate, mañana, si no las encuentras, ya cambiaremos las cerraduras…

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